La nevada sería un escándalo en los alrededores de la calle Boulogne, sin el avistamiento de los parisinos que buscan los precios más exorbitantes y la fragilidad de unos hombres que operan la maquinaria de sus trajes grises. Jean-Marie buscó por las galerías el arco de su personaje, compró unas baratijas solo para conseguir el titular de los diarios y desenfundó de su cartera un revólver. Un sobreviviente registró esa noche el suceso en su diario íntimo: "intercambian cuerpos por números y ya no quedan relojes de calidad en las estanterías".