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Mostrando entradas de abril, 2025

la enfermedad

La enfermedad nutre los círculos grises de carne, se los llevan por el mar hacia un borde desconocido donde hay guerreros, guardianas de las palabras. Y son las palabras las que navegan esa profundidad rencorosa donde no se sabe qué se dice, ni quién tiene la ley para determinarlo. Es la sintonia de las palabras lo que me importa, cómo se juntan para formar una especie de melodía mientras describo mi condición de enfermo. Nací con insuficiencia renal crónica producto de una hidronefrósis bilateral y actualmente tengo un linfoma. Desgracias que me llevaban  a pensar en el capital del cuerpo humano como una gran tragedia, como si estuviésemos destinados al sufrimiento físico incluso en momentos de placer, como un acto sexual fallido. Polémicas resueltas en el mar del lenguaje y la inacción.

El héroe

  El mar de tinta ahogó imperturbable la vasija de perros y monedas de la mansión. Inquietó con la maestría de su rostro los párpados invisibles del mártir. El héroe en su plataforma creyó la voluntad de estas oraciones y sin un prefacio que lo ilustre se encontró entre las páginas con su tempestad.

Aluminada

Aluminada espera un silencio especial y descubre en su llanto el canto de los pájaros. Espera y espera hasta que esto se termine.

Bosque

Cual maquinaria come la alquimia cruel de sus ancestros o el tiempo cortante fatiga los pasajes de un rostro infiel, el bosque espera su vértigo

El fantasma

El fantasma oculta detrás del velo una figura ociosa. No figura su verdadero rostro ni ahuyenta los males. Más bien los atrae y los contempla para entenderlos.

La enfermedad

La enfermedad nutre el arco gris de las personas. Las vuelve fantasmas que arriman al fuego de su pecho un ser destructible. Me refiero a mí condición de esqueleto en carne, batallando un idioma que desconozco. Entonces, ¿por qué banalizar? ¿Por qué disminuir el aspecto más inquietante de nosotros a un momento? La respuesta es el delirio o la angustia por desconocer el resultado que cierre. 

El caballo

Empieza a correr arduo e indomable, pegando saltos aleatorios y simétricos por otro campo más irracional y más abierto. Aunque el mar lo llame sabrá cómo escapar porque son espejos.

inquebrantable

Inquebrantable huele el cerco de las tierras. Allí el caballo reposa diurno sobre el establo.

La conquista

La conquista instruye un abananico linfático. Lo espera y lo cautiva.

El espiral

El espiral es una mandíbula llana que ahorca el sentimiento frío del verano. Templa como un agujero el fantasma y las brujas de Ostenheim . 

Los leones

Decir los leones es abrir el centro de un ajedrez, avasallar el cuenco de madera, navegar en mares más tarde para finalizar con óptico matemático.

San Juan

El condeco de San Juan estimula su llanto en lechos grises. Los maleza y recubre espartano su tiranía

Amamantar

Amamantan en su cerco el cráneo cónclave, amortigua el peso sobre el mar y, rojo contiene el llanto.

Alegría

Qué alegría desprenderse del campo gris que atomiza s tus padres, que nutre como la muerte las ramas del odio. Es improbable volver a hablar o no sabría cómo. Pero es seguro que hay esperanza.

El fuego

En la posada de fuego el caballo corrompe las puertas grises del establo. Hablé del mar, el infinito mar que atropella las miradas de los hombres hacia la penumbra. Escondí mi refugio y solventé una pista: si hay agua en los castillos es porque no habrá otra opción que ayude. Pero todo puede mueverse. Todo, incluyendo el sol habitual de la mañana o una tormenta invisible plagada de virus..

Guerreros

Los guerreros de esqueleto carcomen la enfermedad que nutre su convivencia con animales. Respiran inexactos el tiempo en categorías de otra época, para escuchar el silencio. Nadie en su noche busca esconderse de ellos porque saben la ambición que aspiran, su deseo y plegaria

El tatuaje

El tatuaje serpententino ahuyentaba el consuelo de Dios que veía en las marcas del hombre el renacer una bestia inmoral. Un historiador cuestionaba aquel mito del cuerpo y reveló en un ciclo espiritual el mensaje de las serpientes. El texto rezaba el origen de un desierto rojo donde las almas de los animales se perdían.

El mago

  Un elenco reposa la verdad en la historia de un cuerpo óptico. Sus muslos, como flores del cementerio, establecen el grito ciego de su nombre. Nadie en la noche lo recuerda. Los vecinos se refieren a él como  el mago  y las luces recuperan los textos que desembocan en una calle las mil miradas de su rostro. Del otro lado, un parlamento en la enfermedad de la calle dialoga la posibilidad de incluir a los animales en la ceguera del barrio. Piensa en la paternidad del cuerpo que expone en extremos los dos vértices de la ciudad.

Las sombras

  Dos sombras respiran el contorno fiel de un rayo que almacena la espiritualidad de una luz inacabada. Lo estudian como la simulación pasmosa de la virtud donde alguna vez vivieron antes de convertirse en espectros. Ese rencor permanece inmóvil hasta que el crepúsculo caiga sobre la luna o cuando el día se paralice y él pueda escapar.

La pared

  En secreto, las manchas de humedad incorporaban los cánticos muslos del hombre. Apagaban el registro servicial que profanaba su amo y, como la ambigüedad no los establecía, cayeron en otras estructuras peores. La novedad concluyó (según se sabe) que esa providencia fue el filo sustancial que intimó al hombre en la pared.

Desamparo

Le raíz de un marfil al costado de una tribuna está sin su llanto. El canto del loro espanta la lluvia. Pero, ¿quién puede cabalgar sin sombrero y sin alma? Nadie en la tempestad lo sabe.

Sueños de Parro

  Un águila registra con su sombra los muebles soberbios que opacan la oscuridad del espacio. Parro sueña, recostado en su habitación aburrida, en la oscuridad de ese salón con el rostro rígido contra la almohada, como quien tiene una pesadilla. El costado siniestro refleja un sin fin de probabilidades donde puede despertar. Los ruidos de la calle lo molestan y la voz de un niño le advierte que esa penumbra y ese salón son inventos de otro hombre.

La mano

  Es menester del río mover los hombros de esos pechos donde el hombre acompaña (inexacto) los templos de los soles. La marea inquebrantable, ahora por la ayuda del sol negro, se refleja en las curiosidades del mar. Acopla en su magnitud las tierras de los océanos invisibles con la mano desnuda.

Raíces

Las raíces crecen del pantano oscuro, encantado y negro para encontrarse de noche. Respiran el moho de los sapos verdes que anhelan huir de ese hábitat sea por la sequía del pantano o por el juego. ¿Por qué no mueren?¿No descansan de su terror? Pero las raíces tampoco avanzan rápido, más bien con lentitud pasmosa, densa y poco nasal. El problema es mayúsculo si se comparte con la comunidad de la fosa. Ellos miran tristes cómo todo se cae a su alrededor sin esperanza, sin desasosiego, sin vida y ni mar. Ojalá un día vuelva el otoño: un día verde para este asco que viven los animales y se refresquen, si es posible, con el agua limpia. Porque los sapos que se esconden debajo de la maternidad no pueden alcanzar su énfasis, su inmunidad. Por otro lado está el sol que apaga aunque sea un segundo ese costado siniestro. Hoy 24 de febrero escribo sobre ese lecho de sangre que es el pantano, que es la desgracia para siquiera aliviar mi río algo humilde,  sin mayores cosas que hacer. Pro...