Raíces
Las raíces crecen del pantano oscuro, encantado y negro para encontrarse de noche. Respiran el moho de los sapos verdes que anhelan huir de ese hábitat sea por la sequía del pantano o por el juego. ¿Por qué no mueren?¿No descansan de su terror? Pero las raíces tampoco avanzan rápido, más bien con lentitud pasmosa, densa y poco nasal.
El problema es mayúsculo si se comparte con la comunidad de la fosa. Ellos miran tristes cómo todo se cae a su alrededor sin esperanza, sin desasosiego, sin vida y ni mar.
Ojalá un día vuelva el otoño: un día verde para este asco que viven los animales y se refresquen, si es posible, con el agua limpia. Porque los sapos que se esconden debajo de la maternidad no pueden alcanzar su énfasis, su inmunidad.
Por otro lado está el sol que apaga aunque sea un segundo ese costado siniestro.
Hoy 24 de febrero escribo sobre ese lecho de sangre que es el pantano, que es la desgracia para siquiera aliviar mi río algo humilde, sin mayores cosas que hacer.
Probablemente lo publique, ¿pero dónde? ¿Qué diario o formato en papel aceptaría unas raíces negras como mi alma o mi perspectiva de la realidad?
El suicidio tampoco es la solución, es el horizonte prohibido por la propia palabra, por el propio texto que escribe este río. Y me cansa.
Hablemos de las fotografías porque este texto poco verídico no refleja como una imagen el caos que implica mi hogar. Hay plantas verdes o negras que se pudren a mis pasos y duermo (cuando el aroma lo permite) sobre pequeñas ramas color marrón que calientan junto a un fuego.
En cuanto al sueño son claros tramos de bestias que me persigue y que no conozco, como una representación del hábitat donde hábito. No sé si así los interpreto bien o son causas de las raíces que me atormentan.
El problema es mayúsculo si se comparte con la comunidad de la fosa. Ellos miran tristes cómo todo se cae a su alrededor sin esperanza, sin desasosiego, sin vida y ni mar.
Ojalá un día vuelva el otoño: un día verde para este asco que viven los animales y se refresquen, si es posible, con el agua limpia. Porque los sapos que se esconden debajo de la maternidad no pueden alcanzar su énfasis, su inmunidad.
Por otro lado está el sol que apaga aunque sea un segundo ese costado siniestro.
Hoy 24 de febrero escribo sobre ese lecho de sangre que es el pantano, que es la desgracia para siquiera aliviar mi río algo humilde, sin mayores cosas que hacer.
Probablemente lo publique, ¿pero dónde? ¿Qué diario o formato en papel aceptaría unas raíces negras como mi alma o mi perspectiva de la realidad?
El suicidio tampoco es la solución, es el horizonte prohibido por la propia palabra, por el propio texto que escribe este río. Y me cansa.
Hablemos de las fotografías porque este texto poco verídico no refleja como una imagen el caos que implica mi hogar. Hay plantas verdes o negras que se pudren a mis pasos y duermo (cuando el aroma lo permite) sobre pequeñas ramas color marrón que calientan junto a un fuego.
En cuanto al sueño son claros tramos de bestias que me persigue y que no conozco, como una representación del hábitat donde hábito. No sé si así los interpreto bien o son causas de las raíces que me atormentan.
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